Emigrating to a Safer Life – Spanish

Emigrar hacia una vida más segura

Irlanda del Norte

Translation by Juan Escobar

Nota del editor. Tras dejar atrás a su familia, junto con el clima tropical balsámico de todo el año y las playas de arena negra de El Salvador, Oliver se estableció en el entorno lluvioso y gris del Atlántico Norte, donde no conocía a nadie. Pero eso es lo que este joven sabía que debía hacer para estar a salvo de una pandilla.

Varios años antes, un amigo en común nos presentó a Oliver (un seudónimo), un joven salvadoreño que él pudo rescatar de una situación desesperada que casi le costó su vida. Este hecho involucraba a miembros de una pandilla que habían estado acosando e intimidándolo a él y a su familia durante algún tiempo. Todo comenzó con el acoso en su escuela. Luego, la pandilla se infiltró en el negocio de su padre y lo obligó a cerrarlo, además de presionarlo a él y a la familia para que abandonaran la iglesia que estaba en territorio pandillero. Esto terminó con un incidente cuando la pandilla literalmente irrumpió violentamente en su casa para golpearlo con sus armas hasta casi matarlo delante de su familia y amenazarlo que la próxima vez enfrentaría una una muerte segura. En esas circunstancias, Oliver decidió escapar en mitad de la noche y fue a quedarse con nuestro amigo. Él reconoció que alejarlo de su hogar podría evitar futuras amenazas terroristas y una escalada de violencia contra él o su familia.

A menudo, nos preguntábamos qué sucedió con este joven valeroso y emprendedor que tenía tantos talentos, una actitud de perdón positiva y una fe enorme. Gracias a una conversación de WhatsApp entre tres países, nos alegró contactar con él en Irlanda, así como a su amigo —en El Salvador— que lo rescató y lo protegió de esos peligros hasta que lograra abandonar el país.

Aquí presentamos una actualización de su vida, a medida que esta continúa desarrollándose. Oliver comparte:

“Las cosas no eran promisorias para mí en El Salvador. Había perdido mi empleo por causas ajenas a mi voluntad. Todo mi equipo de trabajo fue disuelto un día en el que yo ni siquiera estaba designado para trabajar. Tengo habilidades mecánicas y esperaba emprender un negocio con un amigo, pero él se retiró y yo no tenía suficientes recursos financieros para iniciarlo con mis propios medios. Tampoco tenía suficientes fondos para volver a la escuela y capacitarme en otro campo. No era solo que todas mis posibilidades de carrera no iban a ninguna parte sino que mi vida personal no era mucho mejor. No era libre de ir a visitar a mi familia con la pandilla acechando en el área. En resumen, simplemente cada vez me volvía más infeliz y no veía ningún futuro para mí. La única parte positiva de mi vida era mi voluntariado con la juventud de la iglesia del centro de la ciudad.

“Un amigo en el Reino Unido me invitó a que lo visitara en ese país. Era una buena oportunidad para un cambio de paisaje y para ver qué sucedía. Simplemente debía alejarme. Con suerte, pude conseguir una visa turística. Es así que en el 2018, abandoné El Salvador. Una vez en el Reino Unido, me di cuenta de que no podría volver a mi país y enfrentar otra vez el peligro de las pandillas. Necesitaba un nuevo comienzo y solicité asilo después de estar allí durante seis meses. La base para obtener mi estatus de asilado era el peligro que corría por causa de las pandillas. Junto con mi solicitud, envié las fotos de mi severa golpiza, así como cartas de referencia de los funcionarios de la Iglesia para validar mi historia. Por supuesto, no me permitieron trabajar durante ese tiempo hasta que recibí la aprobación de mi estatus del asilo que finalmente conseguí.

“Cuando esa declaración llegó, yo ya pude solicitar trabajo. Estaba dispuesto a desempeñarme en cualquier tipo de empleo, así que trabajé en una lavadora de autos, como mecánico en un taller; sin embargo, en ese momento, mi inglés no era lo bastante bueno como para comunicarme efectivamente en la Cruz Roja con el equipo de asilo o en un almacén.

“Permanecí en el Reino Unido por tres años. Comencé a tomar clases de inglés y también a esforzarme por aprender la lengua en las conversaciones diarias de la gente que encontraba en la calle. A partir de allí, continué mis estudios hasta obtener mi Maestría en Trabajo Social.

“Cuando me volví más competente en inglés, comencé a buscar un trabajo a tiempo completo. Durante la pandemia, me sentí llamado a acercarme a los vulnerables. Apliqué a un cargo afín y fui empleado por la Iglesia Metodista Unida como misionero en Irlanda. El nombre de mi trabajo es Global Mission Fellows (Compañeros de la Misión Global), un programa de dos años para adultos jóvenes. Este grupo pone un gran énfasis en la fe y en la justicia. Su sitio web establece su meta como ‘ser socios de organizaciones comunitarias para abordar una variedad de problemas, incluida la inmigración, la educación, la salud pública y la pobreza’. Actualmente, trabajo en un equipo con tres miembros que apoyan a personas jóvenes sin hogar de 20 a 30 años. Muchos de ellos tienen problemas con drogas y afecciones de salud mental. Parte del trabajo consiste en trabajar en un albergue; otra parte es ofrecer atención sin cita donde los clientes reciben comidas y medicamentos. Nosotros utilizamos un enfoque holístico en nuestro tratamiento. Este trabajo se ajusta muy bien a mí, pues se asienta en mi anterior y exitosa labor con la juventud en mi iglesia en El Salvador. Me siento bien al marcar una diferencia en las vidas de la gente a la que estoy sirviendo.

“En el Reino Unido, no me fue posible encontrar una iglesia Luterana con excepción de aquellas que se hallaban en las dos ciudades más grandes. La Iglesia de Inglaterra, a la cual me uní, es la dominante. No me preocupo demasiado por las etiquetas. Me considero un cristiano. El conflicto en curso entre las iglesias protestantes y católicas a partir del siglo 18vo estalló en la década de 1990 y continúa en Irlanda. Yo vivo en el lado católico de la ciudad, pero trabajo en el lado protestante y he aprendido a permanecer muy reservado e imparcial. Algunas personas son extremistas y excéntricas. Intento permanecer alejado de esa gente y no involucrarme.

“Para distraerme, formo parte de dos equipos de futbol: uno con los residentes con quienes trabajo y otro con los miembros de la Iglesia. También hago ejercicio: camino y monto bicicleta. En ocasiones, tomo el tren, el autobús o salgo en mi bicicleta para visitar puntos de interés en este nuevo país.

“El Reino Unido es más inclusivo en términos de que diversas culturas han emigrado allí. En el área donde alquilé una habitación para vivir había gente de Japón, de Oriente Medio y de muchos otros países con varias creencias y culturas. Generalmente, me invitaban a socializar con ellos. Eso no sucede aquí en Irlanda, donde el 98 % de personas son irlandeses que se relacionan únicamente entre ellos. No te encuentras con latinos con frecuencia. En Dublín, hay dos venezolanos. Por eso, un amigo bromea que aquí hay .0000001 de latinos y que yo soy ese 1. La soledad es un reto para mí. Por naturaleza, soy una persona extrovertida y gregaria”. (Nuestro amigo común comenta que Oliver es más feliz cuando hay un mínimo de 20 personas en la mesa).

Cuando se le pregunta que es lo que extraña de El Salvador, además de su familia, él responde que hecha de menos la playa que estaba a una hora de distancia. Oliver disfruta cocinar y ha estado intentando recrear en Irlanda los platos salvadoreños como las pupusas; esto puede ser un desafío al no disponer de los ingredientes apropiados.

“Logré encontrar harina de maíz en el mercado asiático local. Cuando preparo comida salvadoreña, a la gente le encanta.”

Por otro lado, cuando se le pregunta si le ha sido difícil adaptarse a su nuevo entorno, Oliver se lamenta: “el clima. Por supuesto, en El Salvador, hace calor durante todo el año, mientras que, en Irlanda, el clima es siempre gris, frío, triste y lluvioso la mayor parte del tiempo, aunque el verano es bonito.

“Por el lado positivo, mi hermano, que vive en los EE. UU. y el que raramente nos contactaba en El Salvador, se comunica aquí conmigo en Irlanda con más frecuencia, pues le es más seguro hacerlo. Él todavía tiene temor de volver a El Salvador, debido a las tantas y diversas experiencias que tuvo con inmigración y que lo llevaron a prisión.”

Cuando se le pregunta si él volvería a El Salvador, Oliver responde que primero deberían mejorar las cosas. Él incluso no ha considerado esa opción por lo en menos diez años.

“He sido bendecido de haber encontrado en mi vida a mucha gente que me ha ofrecido su ayuda: mi familia, mis amigos y los miembros de la Iglesia. Todos ellos me han tendido su mano cuando la he necesitado. No puedo estar con la mayoría de ellos ahora, pero si permanezco conectado por medio de las redes sociales.

“Con respecto a mis metas futuras, puedo decir que mantengo abiertas mis opciones. Mi contrato de trabajo se extiende hasta el 2023. Se lo podría renovar, si mi patrono y yo decidimos hacerlo. También tengo amigos en España e Italia. Algo que estoy considerando es convertirme en traductor o en profesor. Necesitaría de tres a seis meses de estudio para ser un traductor certificado o seis meses para obtener la certificación como profesor.

“Aunque me tomó once meses conseguirlo, debido a COVID, ahora tengo un pasaporte de las Naciones Unidas. Este documento abre nuevas posibilidades y libertades para mí. Es válido hasta el 2024. Por otra parte, si vivo aquí por tres años, puedo solicitar la residencia. Y finalmente, después de cinco años, podré solicitar mi estatus permanente.

“Amo mi país de origen, El Salvador, y extraño a mi familia y amigos, pero allí toda persona joven está en riesgo por las pandillas, lo cual es muy desafortunado. En cierto modo, siento algo de culpa por haber dejado a mi familia atrás. Sin embargo, al reflexionar, sé que tuve que hacerlo para protegernos todos nosotros. Empero, la culpa permanece y me tomará años aprender cómo manejarla.

“Aquí, en mi nuevo país adoptivo, me siento mayormente seguro de amenazas y del peligro. No obstante, en ciertas ocasiones, algo dispara mis reflejos de alarma. Por ejemplo, en el tráfico pesado de la ciudad de El Salvador, si algún auto conduce al lado de uno y se detiene de repente, para luego pasar por segunda vez y parar, lo que se puede esperar es que bajen la ventanilla y lo apunten a uno con sus armas. Ese es el temor común e incómodo con el que debes vivir. Por este motivo, aquí, cuando estoy en el tráfico y un auto se detiene de repente, mi mente asume que un arma va a aparecer en la ventanilla. Es solo una respuesta automática fijada en mi cerebro. Lo que me ha ayudado a sobrellevar esta situación ha sido aprender Pilates y algunos ejercicios de yoga de otros solicitantes de asilo venidos de la India. Estos ejercicios de meditación son extremadamente eficaces para ayudarme a sentirme más seguro.

“Los tatuajes en El Salvador están estrechamente asociados a las pandillas y tienen una connotación negativa. Las diferentes pandillas tienen diversos tatuajes que los conectan con ellas. Aquí, en Irlanda, la juventud puede tener tatuajes, pero los usan más como arte corporal para admirarlos. Es un cambio refrescante positivo”.

Nota del editor. Estamos muy impresionados con la forma en la que Oliver ha podido retomar su vida y atravesar medio mundo para establecerse en otro lugar, adaptándose a otra cultura sin dejar de ser positivo sobre lo que le deparará el futuro. En este sentido, ha sido capaz de aprender una nueva lengua, encontrar un empleo a tiempo completo de acuerdo con sus destrezas, investigar acerca de los requisitos pertinentes para obtener un pasaporte y una ciudadanía, además de mirar hacia adelante en busca de posibilidades futuras que mejorarán su vida. Es alentador encontrar una persona tan ejemplar y positiva, guiada por el espíritu, que reconoce el valor de los demás como una bendición en su vida.

Esperamos permanecer en contacto con este joven optimista y encantador.

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