Maria Chichilco Spanish Version

MARIA OFELIA NAVARRETE/MARIA SERRANO (MARIA CHICHILCO)

Translated by Santiago Sanchez

 “Vi mis derechos en los derechos de los otros”

 

Nota del editor: Debido a que había leído mucho sobre su vida antes de conocerla, sabía que María ha tenido posiciones de responsabilidad en el gobierno de post-guerra, incluido el puesto de viceministro y una legislatura en la asamblea legislativa donde ella continua representando a grupos marginados, como mujeres y niños.

Me sorprendió gratamente conocer a esta sensata, humilde mujer que habla con y alimenta a los polluelos en su patio trasero antes de sentarnos para la entrevista. Realmente tiene sus prioridades en orden. Eligió vivir en la misma casa en la que ha vivido desde que se casó a los 16 años. María se ha desembarazado de las cosas materiales de las que no tiene necesidad en su vida aquí, en un pequeño pueblo al norte de Chalatenango.

El encantador parpadeo en su ojo y su mano en mi rodilla me acercaron hacia los principales puntos que revelan su cautivadora personalidad. Claramente apreció la ayuda del el joven que nos condujo aquí y que nos hace de traductor hoy. Es el hijo del amigo que trabajaba con ella organizando a la gente rural pobre a hablar claro y libremente por sus derechos.

Cualquiera que esté familiarizado con la historia de los últimos 25 años de El Salvador conoce su nombre. Dos productores americanos hicieron un completo documental de PBS sobre su papel en el FMLN durante la guerra civil llamado “la historia de María”. A ella no le gustaba que la significaran en la película. Sin embargo, la película servía para un propósito mayor y accedió a ser parte de ella.

Es una bendición entrevistar a María; muchos otros la han tenido. Hoy, 16 de enero, es el aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz en 1992, y estamos esperando la llegada de María de una entrevista radiofónica para conmemorar esa ocasión.

No tenemos ningún deseo de duplicar los volúmenes de material ya escritos sobre su vida. En su lugar, creamos nuestra historia en torno a quien y que motivó a María para actuar ante las injusticias que presenció en los primeros años de su vida y que todavía siguen motivándola hoy a sus 65 años.

Conocer a María de quien descubrimos ser cálida, genuina, elocuente y centrada.

María comparte su historia en el porche trasero de su casa tras hacer una entrevista de radio para celebrar el día de los Acuerdos de Paz

Esta casa está a una cuadra de donde yo crecí de niña junto con mi madre viuda y mis hermanos (yo era la novena, seguida por otros dos). El medio principal de nuestra madre para sustentar a la familia era cultivar maíz en las colinas, pero también planchaba para otras familias de la comunidad. A los nueve años yo ayudaba a limpiar casas para la gente que me pagase por la faena.

Mi madre era una gran trabajadora y ciertamente un modelo positivo en mi vida. Desde que era una niña, también me enseñó que cuando dejase mi casa, yo tendría que luchar por los derechos de los otros.

Aunque éramos pobres, la infancia fue despreocupada y feliz y el polvo, la hierba y las piedras todo se convirtió en nuestros juguetes. No llegamos a reconocer la pobreza como un problema. Por ejemplo, ninguno de nosotros tenía zapatos, pero no sabíamos que ello era un problema; así es como vivíamos.

Nuestra madre insistía en que todos fuésemos a la escuela, la cual en aquel tiempo iba solo hasta el sexto grado.  No había sillas; nos sentábamos en bloques de cemento. No había mesas; los bancos servían como escritorios. Empecé la escuela cuando tenia siete años y completé el sexto grado cuando tenía doce.

Yo quería seguir estudiando y hablé con el sacerdote local acerca de convertirme en monja, porque  siendo monja aseguraría que yo pudiera seguir estudiando. Siempre obtuve buenas notas y no preveía ningún problema en mi solicitud. Sin embargo, el sacerdote lo vio de manera bastante diferente. Dijo que no podría aceptarme porque yo no era hija de una pareja casada. Eso hizo que me enojase contra la política de la iglesia y el clero a quienes yo consideraba mentirosos porque me dijeron que ellos representaban a Jesucristo; aunque yo no tenía nada que ver con mi madre y con mi padre, me negaron esta oportunidad. En señal de protesta me hice atea (mas tarde en la década de los setenta regresé a la iglesia, cuando la teología de la liberación, que me sedujo, se popularizó. En ella Jesucristo es el hijo del pueblo, lo cual me gustó mucho. Ahora creo en una poderosa energía que yo llamo Dios).

Poco después de terminar sexto grado a los doce años, tuve mi primer trabajo formal en una casa en la ciudad trabajando para una mujer que en ese momento era la ministra de sanidad de El Salvador. Ella tenía una hija de mi misma edad. Yo hacía la colada, preparaba la comida, vendía comida en su tienda, etc. Cada día trabajaba de cuatro de la mañana a diez de la noche. Ganaba cinco colones al mes (el equivalente a 57 centavos ante lo que nuestro traductor se quedo boquiabierto y dijo “Oh Dios mío”).

En este trabajo había una bendición mucho mayor que el salario. El poder interactuar con el hijo mayor de mi empleadora, quien era siete años mayor que yo y que estudiaba en la universidad en San Salvador. Él era un líder de la oposición, un grupo llamado La Democracia Cristiana (Este grupo no debe confundirse con el grupo del mismo nombre que existe hoy día). Él me inspiró. Él se levantó por la gente pobre. Aunque era de familia acomodada, reconoció al represivo grupo de militares y se encaró con ellos desafiándoles. Sentí que era muy valiente y audaz. Él organizó a la juventud de la comunidad para repartir propaganda. Yo sólo tenía trece o catorce años, pero  él y yo hablábamos sobre las injusticias, y sus sentimientos representaban mis sentimientos. Iluminó mi pensamiento en el sentido de que mediante la organización podemos marcar la diferencia.  Yo vivía injusticias cada día, pero viéndolo a través de sus ojos hizo que la situación fuese más un sentimiento de concienciación general acerca del conjunto de la comunidad que sobre mi propia situación. Vi mis derechos en los derechos de los demás. La empresaria, su madre, me alimentaba bien mientras que otros a mi alrededor estaban hambrientos o se morían de hambre. Algunos sólo comían de los diminutos granos de sorgo que sobraban después de que comieran los animales. Este joven también tenía un programa de radio en las mañanas que se emitía desde la Habana que me atraía y motivaba. Los mensajes eran impresionantes y entusiastas (Ahora María rompe a cantar una de aquellas primeras canciones conocidas que recuerda de memoria).

Me casé a los dieciséis años, y en siete días mi marido y yo celebraremos nuestro cuarenta y ocho aniversario. Nos mudamos a esta casa, de la que mi padrastro y mi marido eran dueños en aquel momento. Me casé con un hombre que era un gran trabajador, pensando que sería alguien que pudiera ofrecer a nuestros hijos la oportunidad de estudiar más de lo que yo pude. Tuvimos tres hijas (una de ellas murió durante la guerra).

 

María y su marido, cuyo matrimonio ha sobrevivido a tanta adversidad

La educación siempre ha sido algo importante para mí, y cuando en 1972 los grados del siete al nueve se abrieron aquí en la ciudad, me inscribí en las clases a la edad de 22 años. Durante ese tiempo me levantaba a las tres de la mañana y hacia los quehaceres domésticos hasta las siete de la mañana, cuidaba de nuestras dos hijas, y luego iba a las clases. Cuando eres joven tienes la energía para hacer esas cosas (Posteriormente descubrimos que María siguió estudiando cuando se hizo mayor y que posee un título universitario en enseñanza. En la actualidad ella disfruta enseñando en la escuela local, justo subiendo la calle desde su casa, a la que va andando).

Después del fraude en las elecciones presidenciales de 1972 (el pucherazo dió la victoria a Molina en lugar de Duarte), me quedé desilusionada y dejé de votar. Quedó claro que mediante las elecciones no podríamos hacer el cambio.

En 1974, cuando tenia 24 años después de haber completado los grados 7, 8 y 9 de mi educación, ayudé a organizar la Unión de Trabajadores del Campo (UTC). El objetivo de la UTC era apoyarse los unos a los otros solidariamente y organizarse para realizar cambios. Queríamos solidaridad entre los pobres y cambios sociales. No es que quisiéramos cambiar todo un sistema, sino ver que los ricos tratasen mejor a sus trabajadores. En mi caso particular mi padrastro tenía tierra en propiedad para trabajar.  Sin embargo, la mayoría de la gente no tenía nada. Esperábamos que otros fuesen capaces de alquilar tierras para alimentar a sus familias.

En 1979 muchos de nosotros tuvimos que abandonar nuestras casas o correr el riesgo de ser asesinados si nos quedábamos en ellas. Toda nuestra familia incluida nuestra hija de cuatro años partimos a las montañas locales. Estuvimos allí durante los doce años que duro la guerra. Tanto mi marido como yo luchamos con el FMLN. Simplemente tenías que protegerte a ti mismo. Pero era algo mas que autoprotección; se trataba de una causa justa para todos.

Por supuesto hay numerosos recuerdos dolorosos de la guerra (sabíamos que perdió una hija en la guerra y aunque no lo menciona su foto cuelga directamente encima de la mesa en donde estamos sentados). También hay algunos recuerdos hermosos (la miramos sorprendidos y la pedímos que compartiera un recuerdo hermoso de la guerra). Siempre compartíamos lo que teníamos. Había un lugar llamado Agua Escondida (esto suena a como a aguas termales), y yo tenía tres o cuatro cubos de caldo y usaba el agua para hacer una sopa para compartir con todos. Todo el mundo estaba impresionado y se preguntaban donde lo había conseguido. No podían creerse que lo hice yo. Sabía especialmente bien cuando todo el mundo estaba cansado tras largos días de combate.

Memorial de ciudadanos de Arcatao muertos durante la Guerra civil dentro de su iglesia

(De nuevo, no queriendo repetir los detalles del documental, “la historia de María”, le preguntamos acerca de esta producción y de su impacto en ella). Pamela Cohen era una chica de los EE.UU. perteneciente a un grupo de solidaridad que hablaba español fluidamente (Catherine M. Ryan coprodujo esta película). Ella y otros periodistas querían hacer este proyecto. No quería que la atención se centrase en mi porque había muchas personas igual que yo involucradas en la lucha contra las injusticias. Ella me convenció de que la sociedad americana necesitaba un ejemplo concreto y especifico para ilustrar como sus impuestos fueron empleados en bombas militares para matar a personas inocentes en nuestro país.

La lectura es algo de lo que disfruto durante mis momentos de tranquilidad, y puedo elegir libros de todo tipo para leer. Acabo de terminar de leer un libro científico que trata de cómo el código de tu sistema inmunitario puede curar todas las enfermedades (rebusca con entusiasmo sobre su mesa para encontrarlo y entonces lo comparte con nuestro amigo para que lo lea).

La juventud nos ofrece una gran promesa. Aquí nuestro amigo (intérprete) es un buen ejemplo para mí. Aquí está un chico pobre, nacido en el seno de una familia local, que no tenía oportunidades. Ahora como resultado de nuestras luchas durante la guerra, se ha producido un gran cambio en su vida. Tiene la oportunidad de hacer lo que quiera en su vida. Tiene una educación y puede hacer muchas cosas. Ha elegido hacer muchas cosas para servir a la sociedad. Ahora mismo no estaríamos juntos hablando si no fuese porque nos está sirviendo de intérprete. Mírese ahora hablando muchas, muchas lenguas (lo abraza orgullosamente como una madre cariñosa)

El orgullo que María siente por Christian rezuma por todos sus poros

NOTA: Leer la historia de Christian aquí:

http://www.embracingelsalvador.org/christian-armando-chavarria-ayala/

Si hay algo que aprender de vivir a través de la guerra, es a apreciar todo. Yo doy valor a todo. Aunque ahora soy vieja, me doy cuenta de que este es todavía un país muy joven. Tenemos que aceptar junto lo bueno y lo malo.

Creo que debe haber una razón para lo que sucede. Por ejemplo, ¿qué habría ocurrido si mi madre no me hubiese animado a luchar por los derechos de los demás? ¿qué habría ocurrido si yo no hubiese encontrado nunca al hijo de mi empleadora cuyas ideas progresistas coincidían con mi propio pensamiento y me dieron aliento y voz para actuar de acuerdo con mis sentimientos? En el momento en el que conversábamos cuando yo tenia 13 años, yo no sabía lo influyente que habría de ser en mi vida.

Yo uso dos palabras para describirme a mí misma: simple y mortal.

Nota del editor: salí de esta entrevista aprendiendo que María nunca dejó que las injusticias le afectaran personalmente de forma tan aguda como lo hicieron a aquellos otros a su alrededor, ella se sintió lo suficientemente fuerte como para reaccionar ante ellas. “Yo tenia comida; otros no”. “Nosotros teníamos tierra; otros no”. Eso dice mucho acerca de su carácter magnánimo.

Nos hubiera gustado pasar varias horas mas charlando con esta amable y clemente mujer. Sin embargo, el crepúsculo asoma en la distancia y tenemos que hacer frente al arduo trabajo de conducir cuatro horas en coche a través caminos montañosos llenos de curvas vertiginosas y sin pavimentar. Lamentablemente, con docenas de preguntas mas pendientes sobre mi papel, dijimos adiós a esta extraordinaria mujer.

 

María delante de su casa en el Departamento de Chalatenango

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