Alfredo Artiga Spanish

ALFREDO ARTIGA

Translation by Juan Escobar

“Tengo una mente abierta sobre otras posibilidades que pudieran aparecer. Espero que las cosas mejoren. Deseo ayudar a mi familia”.

Nota del editor. La manera en la que la tiranía de las pandillas salvadoreñas puede invadir tan profundamente ciertos vecindarios o comunidades, alterando totalmente las vidas de sus ciudadanos, desafía mi imaginación. El miedo, nacido de la intimidación, paraliza a los comerciantes, al punto que se sienten amenazados por mantener abiertas sus pequeñas empresas. El miedo a cruzar por el territorio de alguna pandilla impide que las personas asistan a la iglesia o que incluso caminen por las calles. El miedo a interactuar con alguna persona vinculada a una pandilla intimida a la juventud a tener una relación de pareja. El miedo a todo el drama relacionado con las pandillas en las escuelas impide que muchos estudiantes asistan a los centros educativos.

El miedo infundido por las pandillas incluso se incrusta en la santidad de los hogares cuando uno menos se da cuenta. Esto es lo que le sucedió a Alfredo. Lo que hace a Alfredo diferente es que él abandonó su comunidad para salvar su vida, la de su familia y, posiblemente, su propio espíritu. Así, por obvias razones, decidimos referirnos a este joven con un seudónimo.

PRIMEROS RECUERDOS. Tras haber crecido como el hijo del medio de entre seis hermanos, tengo recuerdos agradables de haber vivido cerca de San Salvador y de haber pasado tiempo con la familia y con los amigos. Después de cumplir ocho, nos trasladamos a una finca. Mi vida era una rutina repetitiva que incluía asistir a la escuela durante las mañanas y trabajar con mi papá en el campo durante las tardes. Cultivábamos maíz, rábanos, calabazas, naranjas, mandarinas y piñas. Las cosechas sostenían a nuestra familia y, además, vendíamos el excedente. Mis clases en la secundaria me ocupaban todo el día, pero trabajaba en el campo los fines de semana.

ENFOQUE EDUCATIVO. En la secundaria, estudié mecánica automotriz. Tomábamos clases regulares durante la mañana y, luego por la tarde, nos dedicábamos a las destrezas técnicas; en mi caso, a la mecánica automotriz. Durante mi segundo año de secundaria, ingresé como aprendiz en una tienda de mecánica automotriz para aprender y para practicar esas habilidades. En mi país, las escuelas públicas de la ciudad son generalmente consideradas mejores que las rurales. Sin embargo, las escuelas privadas son las que proporcionan una mejor educación. Durante la secundaria, recibí una beca de mi iglesia (los Héroes Luteranos) para asistir a clases.

LOS PROBLEMAS DE LA JUVENTUD COMIENZAN A APARECER. Parecería como como si tuviésemos amnesia nacional, puesto que la gente se olvida de que al final de la guerra civil de nuestro país (1992) todavía había mucho malestar entre las antiguas guerrillas y las antiguas fuerzas militares. No: no estaba relacionada con las pandillas, pero la violencia existía.

Desde 1995, nuestra zona comenzó a experimentar malestar y dificultades entre nuestros jóvenes. Por esta razón, uno de nuestros tíos animó a mi hermano mayor a que se fuera a los EE. UU., debido a la violencia y también para que encontrara empleo, puesto que él no había tenido suerte de encontrarlo aquí. Así, mi hermano contrató a un coyote para que lo guiara. Mi mamá, con renuencia, le dio su aprobación y la libertad para que se marchara.

La partida de mi hermano tuvo un impacto negativo en mí y en otras personas. Mataron a su mejor amigo en un área de la pandilla rival. Mi hermano era el único que me protegía, así que después de que él se marchó en 1996 o 1997, los muchachos mayores a mí comenzaron a golpearme sin ninguna razón, pues sabían que yo era más vulnerable.

EVOLUCIÓN DE LAS PANDILLAS EN MI ESCUELA SECUNDARIA PÚBLICA. La escuela secundaria a la que yo asistía era muy problemática. Primero, todo comenzó como una simple rivalidad entre las diversas instituciones, pero sin ocasionar ningún daño físico a ninguna persona. Así, ocurrían robos de uniformes, mochilas o cinturones con etiquetas marcadas con los nombres de las instituciones, que se consideraban como trofeos de una diversión inocente. Más adelante, comenzaron a ocurrir pleitos a puñetazos o enfrentamientos a pedradas. Entonces, se establecieron territorios y no se permitía que un grupo cruzara los límites del territorio de otro grupo. Las amenazas llegaron a ser corrientes. Las rivalidades y los enfrentamientos crearon el ambiente perfecto para que las pandillas organizadas se introdujeran en los diferentes grupos. Entonces, la escala de violencia se tradujo rápidamente en venganza, heridas y muerte.

En mi secundaria, cuatro pandillas tenían el control. Las peleas ocurrían en la cafetería, en los exteriores e, incluso, en las salas de clase. Para protegerse, la mayoría de los estudiantes se alinearon con alguna de las pandillas. Al ser neutral, uno se arriesgaba a que las pandillas lo atacaran o lo hirieran. No obstante, algunos de mis amigos —igual que yo— rechazamos unirnos a alguna pandilla y nos defendíamos. Por esta razón, las pandillas nos miraban negativamente y nos acosaban, pero todavía nos permitían estudiar. Esto hizo que nuestro aprendizaje fuera insignificante.

ETAPA POSTERIOR A LA SECUNDARIA. En esas circunstancias, dejé atrás todo el mundo que conocía, aunque todavía me preocupaban mis hermanos en la escuela, pero no podía hacer nada, excepto aconsejarles que acabaran su educación. No podía cambiar la situación en la escuela. Después de la secundaria, continué estudiando mecánica automotriz por dos años en la Escuela Técnica de Santa Tecla, la cual terminé en 2014. La escuela se encontraba a 60 km de distancia, lo que me permitía vivir en mi casa, aunque debía desplazarme por dos horas tanto de ida como de vuelta. Por varias ocasiones me robaron en el autobús. Era imposible salir de nuestra comunidad sin atravesar el territorio en donde los miembros de alguna pandilla solían detener con frecuencia a los jóvenes para quitarles su documento de identificación.

NUESTRA FAMILIA AFECTADA POR LAS PANDILLAS. Mi papá decidió ya no dedicarse más a la agricultura. Él vendió la finca debido a las pandillas. Él también, por muchos años, tuvo un pequeño café-Internet. Yo aprendí mucho acerca de informática al pasar varias horas allí. Sin embargo, una vez más, mi papá tuvo que vender ese negocio por motivo de las pandillas. Mi hermana intentó instalar una panadería en nuestra casa, pero abandonó la idea debido a la influencia de una pandilla.

Yo ya no vivo en casa por causa de una experiencia muy espantosa que tuve en nuestro propio hogar con los miembros de una pandilla. Según ellos, yo estaba interesado románticamente en una muchacha que pertenecía a su pandilla. Ante todo, la muchacha era simplemente una amiga con quien solía hablar en el café-Internet de mi papá, cuando ella llegaba como cliente. Nunca salí con ella. En este sentido, conversaba con muchas muchachas, pero eran simples conocidas. De hecho, yo salía con otra chica en otra ciudad. Si ella me hubiera dicho que pertenecía a una pandilla, yo la habría evitado. Es así que, tras saltar la cerca, los miembros de esta pandilla llegaron mi casa una noche. Me dijeron que me arrodillara y unos individuos me pusieron sus pistolas a cada lado de mi cabeza. Obedecí, aunque podría haberme enfrentado a uno de ellos. No obstante, permití que me golpearan por cuatro minutos; los cuatro minutos más largos de mi vida. Pensé que yo moriría allí. Mis hermanos lloraban. Mi padre fingía que no le afectaba, pero él también lloraba. Yo no estaba asustado de morir. Ellos dejaron de golpearme y nos dijeron que no fuéramos con la Policía y me amenazaron para que nunca más me acercara a esa muchacha. Afortunadamente, en esa ocasión, mi mamá no estaba en casa.

Por cuatro meses, antes de este incidente, los miembros de esa pandilla me habían detenido para preguntarme porqué asistía a una iglesia que se encontraba en su territorio. Eso era intimidación.

Todo se complicó después de esa noche. Entonces, dije que no quería quedarme allí por miedo a que la próxima vez realmente me mataran. No quería poner a mi familia en una situación en la que siempre debían estar alertas por posibles daños o a arriesgarse a ponerse en peligro. Además, habría sido demasiado difícil para mí ver diariamente las caras de mis agresores en la vecindad.

Perdoné a mis atacantes y no tengo ningún resentimiento hacia ellos. Era tan solo que no era conveniente para mí quedarme allí. Por eso, abandoné la comunidad en el medio de la noche. Luego, busqué refugio donde un amigo.

La mañana siguiente, tenía programado comenzar un trabajo en una aerolínea. No iba a desaprovechar esta oportunidad de empleo. Así, me presenté para el trabajo con gafas oscuras de sol para que no se notaran las contusiones de mi ataque de la noche anterior; nunca le dije a mi nuevo empleador lo qué sucedió.

EMPLEO. Pude trabajar como mecánico de la aerolínea por cinco meses; sin embargo, la compañía nos separó del trabajo a un grupo de diez empleados en agosto. No he trabajado en ese campo desde entonces. La compañía tenía normas de trabajo muy estrictas. Si la camisa estaba fuera de los pantalones, esa era una causa de despido. Si alguien decía una mala palabra, lo despedían. Un día, los miembros de mi grupo de trabajo cometieron algunos errores en el aeropuerto y la compañía despidió al grupo entero de diez personas para dar un ejemplo al resto de los empleados. A ellos no les interesa saber quién cometió los errores; simplemente despiden a todo el grupo. Lo curioso es que, incluso, yo no estaba en el trabajo ese día. Me habían dado la autorización previa para disponer de un día libre y así poder liderar a un grupo juvenil de la iglesia en un retiro sobre el cambio climático. Al regresar, encontré que ya no tenía trabajo.

Luego, quise trabajar de manera independiente como mecánico, pero las pandillas no permitirían eso. Entonces, un amigo y yo hablamos sobre trabajar juntos, pero él me dejó solo con la idea.

¿PLANES FUTUROS? Hace seis años, yo pensaba que, para este punto, yo ya sería un joven de éxito, pero estaba equivocado. No sucedió así. Sin embargo, espero ser afortunado en conseguir un trabajo. “Tengo una mente abierta sobre otras posibilidades que pudieran aparecer. Espero que las cosas mejoren. Deseo ayudar a mi familia.” Si tuviera las posibilidades económicas, me gustaría estudiar en la universidad, pero esa idea no es realista. Me he enterado acerca de un programa de estudios en línea aprobado por el Gobierno donde imparten conocimientos técnicos. He estado estudiando para el examen de ingreso que lo daré mañana. Si paso, ingresaré a un programa de cinco años y es casi gratis. Allí, se estudia los días laborables y los exámenes se toman durante los fines de semana. Esto es algo que podría hacer mientras espero hallar un empleo.

Mi sueño es encontrar otro joven dedicado y de mi edad que desee trabajar en mecánica, ya que me es demasiado difícil hacer el trabajo solo. Tengo muchos proyectos en mente para alguien que comparta similares intereses.

No deseo emigrar a los EE. UU. Mi hermano, que está allí, dejó de comunicarse con nuestra familia hace quince años. Él no ha regresado a visitarnos en diecinueve años, a pesar de que él ya tiene los documentos que le permitirían hacerlo. Mi mamá sufre mucho por eso y no quisiera que ella padeciera a causa de las incertidumbres de perder a un segundo hijo.

ASPECTOS POSITIVOS EN MI VIDA. El trabajar con los jóvenes en la Iglesia Luterana de la Resurrección —en áreas tales como la reducción y la prevención de violencia, la reconstrucción, la espiritualidad y las interacciones con pequeños grupos, animando a la juventud y visitando a las comunidades— son todas maneras positivas para enfocar mi energía y para hacer una diferencia en las vidas de la gente joven.

CUANDO HAGO MI ORACIÓN. Yo le pido a Dios que perdone todos los errores que he cometido, que me conceda oportunidades tanto para mi vida personal como profesional y que cuide a mi familia. Le agradezco a Dios por tener amigos excepcionales, por darme la vida y por brindarme la oportunidad de contar mi historia. En varias ocasiones, me he enfrentado a situaciones de vida o muerte y aún estoy vivo. Agradezco a Dios por todo lo que me ha sucedido.

En los corazones de la gente joven como Alfredo, la esperanza llena de fe se levanta alto y resuena como una campana a través de la tierra.

ACTIVIDADES DURANTE EL TIEMPO LIBRE. Disfruto de la cocina creativa, de la jardinería y de aprender a tocar la guitarra.

Nota del editor. Las pandillas podrán disponer de muchas técnicas de intimidación para infundir miedo en la gente, pero los salvadoreños resilientes y llenos de esperanza —como Alfredo— tienen la energía y la perspectiva positivas de su lado. No serán caerán fácilmente en el olvido.

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